lunes, 3 de noviembre de 2008

"Crimen (Financiero) contra la humanidad" por José Saramango


La historia es conocida, y, en aquellos tiempos antiguos en que la
escuela se proclamaba educadora perfecta, se le enseñaba a los niños
como ejemplo de la modestia y la discreción que siempre deberían
acompañarnos cuando el demonio nos tentara para opinar sobre lo que no
conocemos o conocemos poco y mal. Apeles podía consentir que el
zapatero le apuntase un error en el calzado de la figura que había
pintado, por aquello de que los zapatos eran su oficio, pero que nunca
se atreviera a dar su parecer sobre, por ejemplo, la anatomía de la
rodilla. En suma, un lugar para cada cosa y cada cosa en su lugar. A
primera vista, Apeles tenía razón, el maestre era él, el pintor era
él, la autoridad era él, mientras que el zapatero sería llamado cuando
de ponerle medias suelas a un par de botas se tratase. Realmente,
¿hasta dónde vamos a llegar si cualquier persona, incluso la más
ignorante de todas, se permite opinar sobre lo que no sabe? Si no
tiene los estudios necesarios es preferible que se calle y deje a los
sabedores la responsabilidad de tomar las decisiones más convenientes
(¿para quién?).

Sí, a primera vista Apeles tenía razón, pero solo a primera vista. El
pintor de Felipe y de Alejandro de Macedonia, considerado un genio en
su época, ignoró un aspecto importante de la cuestión: el zapatero
tenía rodillas, luego, por definición, era competente en estas
articulaciones, aunque fuera solo para quejarse, si ese era el caso,
de los dolores que sentía. A estas alturas, el lector atento ya habrá
entendido que no es de Apeles ni del zapatero de lo que se trata en
estas líneas. Se trata, sí, de la gravísima crisis económica y
financiera que está convulsionando el mundo, hasta el punto de que no
podemos escapar a la angustiosa sensación de que llegamos al final de
una época sin que se consiga vislumbrar qué y cómo será lo que venga a
continuación, tras un tiempo intermedio, imposible de predecir antes
de que se levanten las ruinas y se abran nuevos caminos. ¿Cómo lo
hacemos? ¿Una leyenda antigua para explicar los desastres de hoy? ¿Por
qué no? El zapatero somos nosotros, todos nosotros, que presenciamos,
impotentes, el avance aplastante de los grandes potentados económicos
y financieros, locos por conquistar más y más dinero, más y más poder,
con todos los medios legales o ilegales a su alcance, limpios o
sucios, normalizados o criminales.

¿Y Apeles? Apeles son, precisamente, los banqueros, los políticos, las
aseguradoras, los grandes especuladores que, con la complicidad de los
medios de comunicación social, respondieron en los últimos 30 años,
cuando tímidamente protestábamos, con la soberbia de quien se
considera poseedor de la última sabiduría; es decir, aunque la rodilla
nos doliera, no se nos permitía hablar de ella, se nos ridiculizaba,
nos señalaban como reos de condena pública. Era el tiempo del imperio
absoluto del Mercado, esa entidad presuntamente auto reformable y auto
regulable encargada por el inmutable destino de preparar y defender
para siempre jamás nuestra felicidad personal y colectiva, aunque la
realidad se encargase de desmentirlo cada hora que pasaba.

¿Y ahora? ¿Se van a acabar por fin los paraísos fiscales y las cuentas
numeradas? ¿Será implacablemente investigado el origen de gigantescos
depósitos bancarios, de ingenierías financieras claramente delictivas,
de inversiones opacas que, en muchos casos, no son nada más que
masivos lavados de dinero negro, de dinero del narcotráfico? Y ya que
hablamos de delitos: ¿tendrán los ciudadanos comunes la satisfacción
de ver juzgar y condenar a los responsables directos del terremoto que
está sacudiendo nuestras casas, la vida de nuestras familias, o
nuestro trabajo? ¿Quién resuelve el problema de los desempleados (no
los he contado, pero no dudo de que ya son millones) víctimas del
crash y qué desempleados seguirán, durante meses o años, malviviendo
de míseros subsidios del Estado mientras los grandes ejecutivos y
administradores de empresas deliberadamente conducidas a la quiebra
gozan de millones y millones de dólares cubiertos por contratos
blindados que las autoridades fiscales, pagadas con el dinero de los
contribuyentes, fingen ignorar?

Y la complicidad activa de los gobiernos, ¿quién la demanda? Bush, ese
producto maligno de la naturaleza en una de sus peores horas, dirá que
su plan ha salvado (¿salvará?) la economía norteamericana, pero las
preguntas a las que tendría que responder están en la mente de todos:
¿no sabía lo que pasaba en las lujosas salas de reunión en las que
hasta el cine nos ha hecho entrar, y no solo entrar, sino asistir a la
toma de decisiones criminales sancionadas por todos los códigos
penales del mundo? ¿Para qué le sirven la CIA y el FBI, además de las
decenas de otros organismos de seguridad nacional que proliferan en la
mal llamada democracia norteamericana, esa donde un viajero, a su
entrada en el país, tendrá que entregar a la policía de turno su
ordenador para que este copie el respectivo disco duro? ¿No se ha dado
cuenta el señor Bush que tenía al enemigo en casa, o, por el
contrario, lo sabía y no le importó?

Lo que está pasando es, en todos los aspectos, un crimen contra la
humanidad y desde esta perspectiva debe ser objeto de análisis, ya sea
en los foros públicos o en las conciencias. No exagero. Crímenes
contra la humanidad no son solo los genocidios, los etnocidios, los
campos de muerte, las torturas, los asesinatos selectivos, las hambres
deliberadamente provocadas, las contaminaciones masivas, las
humillaciones como método represivo de la identidad de las víctimas.
Crimen contra la humanidad es el que los poderes financieros y
económicos de Estados Unidos, con la complicidad efectiva o tácita de
su gobierno, fríamente han perpetrado contra millones de personas en
todo el mundo, amenazadas de perder el dinero que les queda después
de, en muchísimos casos (no dudo de que sean millones), haber perdido
su única y cuántas veces escasa fuente de rendimiento, es decir, su
trabajo.

Los criminales son conocidos, tienen nombre y apellidos, se trasladan
en limusinas cuando van a jugar al golf, y tan seguros están de sí
mismos que ni siquiera piensan en esconderse. Son fáciles de
sorprender. ¿Quién se atreve a llevar a este gang ante los tribunales?
Todos le quedaríamos agradecidos. Sería la señal de que no todo está
perdido para las personas honestas.


José Saramago, Premio Nóbel de Literatura en 1998

miércoles, 30 de julio de 2008

Experiencia


En ese momento me miró y sentí un escalofrío que recorrió todo mi cuerpo por algunos minutos hasta que la conversación se prolongó lo suficiente como para sentir confianza. Al mover sus labios, éstos parecían perfectos. De hecho, los eran. Carnosos y visiblemente suaves se posaban en el borde del vaso con alcohol.

La conversación se alargó hasta las 1 de la madrugada. De todo lo que hablamos esa noche...no recuerdo nada. No fue mi estupidez la culpable de que la plática haya sido olvidada, sino porque era sumamente difícil concentrarse con tanta belleza al frente de mis ojos oscuros. Parece algo cursi, pero no me interesa, lo creo así de verdad.

Se acabaron los tragos y sentí que el alcohol invadía nuestros cuerpos. Inexplicablemente me encontraba en su casa. Departamento para ser exactos. Continuamos bebiendo. Ella se acercó lentamente. Comencé a temblar como cuando una va en busca de algo desconocido. Su vestido negro se desprendió lentamente de su bello cuerpo. Fue la primera vez que conocí la armonía. Lentamente me despojó de mis telas y me condujo a la cama. Su aroma era inolvidable, de hecho, lo sigo sintiendo como si en este mismo instante estuviera ocurriendo este relato. Sus pechos se pegaron al mío y pensé que estaba en el cielo. La conocí esa noche yacíamos en su cama. Mi piel rozó constantemente con su piel. El sudor rápidamente se apoderó de nosotros. Nada tenía sentido. La había conocido hace 3 horas y ya era parte de ella. Todo tenía sentido. Nuevamente caí en mi habitual sumisión, pero era diferente. No era como las otras veces que simplemente pasaban.

Ella se apoderó de mi ser. Ella me dominó y no me dejó aliento. Siempre caía en la misma situación, pero esta vez todo cambió. Me revolucione contra ella y los papeles se dieron vuelta. Ahora era yo quien me apoderaba de ella, y se dejó.

En la mañana al despertar, sentí culpa. Lloré simplemente porque la sentí. Aún no me explico por qué lo hice, lo único que puedo decir es que esa noche fue inolvidable para mi. Lo recuerdo como si fuera ayer cuando estaba en su cama junto a ella. Después de eso, me levanté y, con el movimiento, ella despertó y me suplicó que me quedara unos instantes más en la cama junto a ella. No podía hacerlo y por eso le pedí perdón. Le pregunté si podía volverla a ver hoy en la noche en su departamento para conversar. Ella respondió afirmativamente.

No entendí por qué salí de su departamento si quería estar con ella. Sentía que era la mujer perfecta para mi, pero no sabía nada de ella ni de sus padres ni de sus estudios ni de lo que hace y, mucho más importante, si tenía novio.

En la noche sentí ganas de verla y fui nuevamente a su casa. Toqué la puerta del 404 y ahí estaba. En la soledad me invitó a pasar. Andaba con blue jeans muy apretados y un peto rojo. Se veía preciosa igual que ayer. Me dijo que estaba un poco cansada, porque había estudiado todo el día para el examen de mañana en su facultad. Conversamos para saber más acerca de nosotros. Era las 3:45 de la madrugada. Le dí mi número telefónico y ella me dio el suyo. Me sentía feliz y se lo hice saber. Ella dijo lo mismo.

Ya van 5 años desde esa noche y no me he separado de ella. Dudo que lo haga.

martes, 22 de julio de 2008

Ansias


Me di cuenta que cuando uno menos espera llegan de improvisto aquellas cosas que más te hacen feliz. Uno no espera a los amigos, uno no espera a tus familiares, uno no espera muchas cosas y no saber eso hace la vida mucho más interesante y desconocida.

Me caíste de improviso y el impacto si que fue fuerte. El dolor siento en mis espaldas al recordar tal accidente, pero es aquel sentir el que me gusta pues ello marcó mi presente.

Gusta me todo lo que contigo lleva, todo lo que te rodea, todo lo que haces y lo que no, tus virtudes y defectos, tu ambiente, tu mundo y sinceramente no puedo dejar de pensar en ese día en el que tímidamente nos acercamos, en el que con sonrisas vergonzosas parecía que nos atraíamos desde muy lejos para todo terminar en un suave encuentro que pareció eterno. Mágico fue ver tus ojos brillantes y tus labios altivos alejarse formando una imagen de felicidad que yo pude ver de muy cerca. Estabamos juntos, sentados, riendonos de lo sucedido. Era lo único que quería que pasará ese día, ya no podía sostener más las ansias de morder tu carnosos labios.

El termino de mis solos días había llegado a su fin y no me había dado cuenta de aquello. El tiempo, vil mentira, había pasado como siempre y como nunca.