martes, 5 de julio de 2011

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Noche, que bella es. Pareciera que la complicidad aumenta, como si la gente no me mirara, como si la gente no "nos" mirara. Pero, ¿por qué nos mirarían, si no hemos hecho nada malo?, ¿Hemos hecho algo malo? No lo sé, pero me gusta. Tampoco sé por qué me gusta. Tal vez, porque no hemos hecho nada malo.

Tiempo, que mentira. No existes, pero desagradable es tu presencia. Todo lo aceleras, todo lo enlenteces. Eres inoportuno. ¡Para, por favor! No existes, ¡Para!

Frío, te compadezco, ¿Cómo te soportas? Si fuera tú, no me querría. Pero eres oportuno, no como tu amigo el tiempo.

Ese día todo fue distinto...

-¿Qué haces?
-Es que tengo frío.
-¿Y por eso quieres volar?
-Sí.
-¿Te acompaño?

Sus alas se abrieron, me tomó de la mano y no hizo preguntas, solo partimos. Me llevó por distintos lados que desconocía. Su ojos, brillosos, observaban los míos. Nada nos pasaría en el trayecto, porque estábamos en suspensión. Su sonrisa...si de solo recordar quiero besarle. Su cabello, con el viento, se soltó y se alargó. Fue una imagen perfecta.

-Tengo frío. ¿Quieres abrazarme?

Sin hablar, me envolvió con sus alas. Sentí calor, como cuando uno no duerme solo. Es un calor diferente: está ahí, lo puedo sentir, lo puedo palpar. Deseaba, en esos momentos, que no dejara de envolverme, que no dejara de cubrirme. Pero... ¡¿qué estoy diciendo?! Ella, hoy, no está. Estoy solo, estoy feliz. Menos feliz que ayer cuando estaba con ella. Si, la extraño.

El viento nos rosaba. Todo fue cálido, todo era distintos. Me gustó este estado, me gusta. No quiero más, solo la quiero a ella. Pero...¡Espera!, no la conozco, no sé su nombre.

-¿Cómo te llamas?- le pregunté.

No me respondió. Solo sonrió y me miró. Vi sus labios formar una luna. ¡Oh, sus labios! ¿Qué más quiero? Su nombre me dio igual, en ese momento solo vi sus labios.

-Te mostraré algo que te encantará- me dijo.

Descendimos. Nos sentamos en la cornisa de un edificio, de un alto edificio.

-¡Mira!- comentó.

Fue una de las lunas más perfectas que nunca antes había visto. Nos iluminaba como foco. La luna nos unificó, nos comprometió. "Fuimos", como yo quería.

Su labios se hicieron grandes. Estaban húmedos, rojizos y descontrolados.





Ya hago en mi cama, llorando. Pero no tengo pena, la tristeza no me embarga. Es más, estoy feliz. Ella se fue, pero tengo un lindo recuerdo: ella. Todavía siento su calor, su rojo aroma, sus besos, sus abrazos, sus alas. Todavía la siento aquí conmigo.

-¿Volverás?